

La importancia de mantener la cadena de frío
Por todos es sabido que la congelación es uno de los sistemas de conservación de los alimentos más eficaces y que cuenta, además, con la ventaja de mantener todos los valores nutricionales de los productos. Pero para que un alimento llegue con toda la calidad al consumidor final, es necesario que la cadena de frío sea mantenida en todo momento.
La cadena de frío se basa en el control constante de la temperatura en todos los eslabones de suministro de un alimento, desde su producción, al transporte, almacenamiento y venta final.
La temperatura juega un papel fundamental para mantener la inocuidad de los alimentos perecederos (pescado, carne, marisco, verduras). Si se disminuye la temperatura se reduce también la capacidad de la mayoría de microorganismos de reproducirse. Por ello, el procedimiento que, por lo general, se usa hoy en día es el de ultracongelación. Éste consiste en conseguir en apenas 2 o 3 horas una temperatura de -18ºC a -20ºC. Esto hace que los cristales que se forman en las células sean pequeños y redondeados y, por lo tanto, no rompan sus paredes, conservando así su sabor y textura.
Así que mientras los productos se mantengan a la temperatura constante entre -18ºC a -20ºC mantendrán intactas todas sus características (sabor, textura y nutrientes).
Al subir la temperatura el proceso de congelación se revierte y el alimento se descongela total o parcialmente. Cuando esto pasa comienza a deteriorarse y pueden aparecer bacterias. Si la cadena de frío se rompe ya no hay marcha atrás:
Así que ya sabéis cuán importante es mantener la cadena de frío. También en el momento en que compráis el producto congelado. Debe estar a temperatura ambiente el menor tiempo posible para que no pierda temperatura y podamos gozar de todas sus características intactas.